08 febrero 2011

Madrid, la ciudad en la que siempre parece domingo.

Fin de semana de turismo por la capital. Madrid se dejó ver con su mejor cara, por suerte para nosotros, ya que hizo un tiempo estupendo.

El viaje no comenzó muy bien que digamos. La duración del trayecto se incrementó una hora y media, es decir, seis horas de viaje desde Santander a Madrid en tren Alvia, para que luego digan que ¿por qué queremos los cántabros un AVE? En fin, menos mal que tenemos a Revilla, al que casualmente esa misma noche hicieron una entrevista en televisión y le preguntaron eso mismo, y yo que lo acababa de vivir en mis carnes no pude hacer otra cosa que darle totalmente la razón. Pero eso es otro asunto más largo de explicar. Volvamos al viaje.

Una vez en Madrid nos dirigimos al hotel situado en la calle Leganitos. Lo primero que me sorprendió es que es como un barrio chino. Casi todos los negocios estaban regentados por chinos, peluquerías, bares, autoescuelas y comercios de todo tipo.

En esa misma calle había una comisaria en cuya puerta había un audi TT con dos balazos en el capó y una rueda pinchada, supongo que de otro balazo. Junto a cada uno de ellos una pegatina con un número para identificar cada una de las "pruebas".

El hotel no estaba mal. Nos alojamos en la última planta del edificio en una habitación abuardillada desde cuya ventana se veían los tejados de Madrid y algún rascacielos de esos cercanos a la Plaza de España. La única pega en cuanto al hotel es que eran un poco "ratillas" en cuanto a mantas y toallas se refiere pero en general fue una buena elección.

Ahí fue el lugar en el que vi al rey, sí sí, al rey, pero no os equivoquéis, no era el de las monedas de 1€ si no a "mi rey mago" :D y es que por fin pudo entregarme mi regalito de reyes, un poco atrasado pero ha merecido la pena esperar porque era nada más y nada menos que el objetivo que quería para mi cámara de fotos. Yuhuuuuu!!! que ganas tenía de tenerle entre mis manos jeje. Fotografiar las calles de Madrid no es el mejor sitio para probarle pero aun así no me pude contener de sacarle a la calle y disparar con él a cualquier cosa.


Las calles del centro son siempre un hervidero de gente de todo tipo, siempre con bolsas en la mano y con prisa a todos lados. Como decía Paco Martínez Soria: "en esta ciudad siempre parece domingo".
Eran muchos los que se acercaban a nosotros pidiéndonos una limosna aunque mas que pedir te la exigían y yo que no estoy acostumbrada a que me apabullen de esa manera me resultaba un poco violento.

Ya entrada la noche decidí quedar con una antigua amiga del colegio a la que no veo muy a menudo. Es una de esas personas que da igual el tiempo que haga que no la ves porque puedes retomar conversaciones que tuvieron lugar hace tiempo, sigues riendo de las mismas chorradas de siempre y pasando un buen rato.
Me llevó a una de esas antiguas cafeterías de la calle Lavapiés en las que parece que no ha pasado el tiempo. Hay dos maneras de estar a la moda, una es seguir cada tendencia del momento y otra es clavarte en un estilo y dejar que la moda te vuelva a coger. Pues eso es lo que le ha pasado a muchos antiguos negocios de la ciudad, que como ahora se lleva eso de "estilo retro" o "estilo vintage" pues acaban siendo lo último de lo último, lo mas frecuentado por los modernos, esos que ahora les ha dado por vestir chaqueta de abuelo, bigotillo fino y gafas de sol carrera. Por cierto, hablando de bigotillos, allí fue donde vi al actor éste de la serie La señora y La república (mirando en google he visto que se llama Raúl Peña) y con él ya cumplí mi ración de famosos en este viaje (algún día os contaré lo de el Gilly Toledo).

Al día siguiente nos fuimos a la Fundación Caja Madrid en la que había una exposición del Thyssen de jardines impresionistas. La verdad es que me gustó bastante y resultó una visita muy interesante. Incluso me despertó las ganas de sacar mi viejo caballete y mis óleos aunque al día siguiente ya se me había pasado, ufff que susto!! Mas berenjenales no por favor, que ya bastantes cosas quiero y no puedo hacer.

Después de eso no hay mucho mas que contar solo que el viaje de vuelta en tren se hizo realmente corto y la verdad muy puntual.

Bye bye Madrid


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